No todos los políticos son corruptos, ladrones y estafadores, como estima el común de la gallada.
En Chile ha habido mandatarios virtuosos, como Aníbal Pinto (1876-1881), que salió de La Moneda más pobre que como llegó.
Uruguay hoy está gobernado por esa especie en extinción que forman los políticos honestos.
Su Presidente, Pepe Mujica, un ex combantiene del Movimiento de Liberación Nacional (Tupamaros), que recibió media docena de balas en su cuerpo, vive modestamente en una parcela y dona el 80 % de su remuneración.
¿Cómo se llama eso? Coherencia y consecuencia, que es lo que reclaman las nuevas generaciones.
De los 250 mil pesos que recibe como Presidente, “Pepe” Mujica sólo rescata el 20 %, el resto lo distribuye a diversas instituciones.
Dice que “con ese dinero me alcanza, y me tiene que alcanzar, porque hay otros uruguayos que viven con mucho menos”.
Usa un simple Chevrolet Corsa como vehículo de transporte oficial y sigue llevando una rutina excepcionalmente cercana a la gente.
Días atrás lo sorprendieron, sin escolta, sin seguridad, en la ferretería del barrio Paso de la Arena, donde fue a comprar una tapa para el inodoro.
Compró lo que necesitaba y, acto seguido, aceptó una invitación informal de los jóvenes de la zona, reunidos en el humilde club de fútbol Huracán.
Sin seguridad, sin eufemismos, Mujica brindó una sencilla charla de aliento a los futbolistas que participan en el torneo de la Segunda División Profesional… aferrado a la tapa del inodoro recién adquirida.
Se sacó fotos, concedió abrazos y se fue con el aplauso de todos, abrazado a su perra Manuela, que a estas alturas del mandato ya entiende de absolutamente todos los temas.
De regreso a su parcela, Mujica trabaja la tierra.
Sin cuentas bancarias, sin deudas, dice dormir tranquilo, y asegura que espera culminar su mandato para descansar, más tranquilo aún, en su parcela de Rincón del Cerro.
Sin dudas, el mejor homenaje en vida al compañero Raúl Sendic.























































