El analista internacional ANDRÉS OPPENHEIMER, al que muchos sindican como papagayo de la CIA, escribió días atrás el siguiente comentario:
“A juzgar por las docenas de entrevistas que hice en Buenos Aires la semana pasada, hay una sola razón de la actual declinación argentina, y es la usual: el populismo. El gobierno de Fernández de Kirchner ha regalado dinero a diestra y siniestra, sin pensar mucho más allá de la próxima elección.
“De manera semejante a lo ocurrido en la Venezuela de Hugo Chávez, el aumento constante de los subsidios funcionó mientras las exportaciones no dejaban de subir, pero dejaron al país al borde de la quiebra una vez que los precios mundiales de las materias primas pararon de aumentar.
Mientras Chile, tanto bajo gobiernos de centroizquierda como de centroderecha, ahorraba en los años buenos para mantener sus programas sociales en los años malos, Argentina hizo exactamente lo contrario: gastó incluso más de lo que podía en los años buenos, sin construir mucho para el futuro.
El gobierno malgastó la mayor bonanza económica del país en casi cien años en subsidios para millones de personas -muchas de las cuales han dejado de trabajar, porque viven mejor de las dádivas del gobierno que si tuvieran un empleo- así como también para el transporte y la energía.
Gracias a los subsidios del gobierno, el transporte en Buenos Aires está entre los más baratos del mundo: un viaje en autobús cuesta el equivalente de 22 centavos de dólar, y un viaje en tren unos 26 centavos de dólar.
Roberto Lavagna, el ex ministro de Economía durante el gobierno de Néstor Kirchner, a quien se le atribuye haber revivido la economía argentina después del default de 2001, estima que los subsidios del gobierno al transporte y la energía aumentaron de 1.200 millones de dólares a fines de 2005 a 19 mil millones el año pasado.
Aunque el sentido común sugiere que Fernández de Kirchner debería empezar a reducir el gasto público debido a la desaceleración económica, la Presidenta parece estar redoblando su apuesta. La semana pasada anunció un gigantesco plan para dar 400.000 préstamos hipotecarios de bajo interés y construir 400.000 viviendas en el curso de los próximos cuatro años.
¿De dónde saldrá el dinero? De fondos del sistema de seguridad social. El gobierno dice que el plan creará 100.000 empleos en el sector de la construcción, y contribuirá a reactivar la economía. Los escépticos dicen que el dinero desaparecerá en manos de funcionarios corruptos, como ha ocurrido tantas veces antes, y los futuros jubilados no verán ni un centavo de sus pensiones.
“Tienen una visión cortoplacista, y estrictamente política, de la economía”, me dijo el ex ministro Lavagna. “Y es muy difícil que eso cambie”, agregó.
Lo más preocupante es que un gran número de argentinos, aunque cada vez más escépticos respecto del relato que Fernández Kirchner hace del supuesto nuevo modelo económico del país, no se oponen a un mayor rol del Estado en la economía, dijo Lavagna.
“Hay un estatismo creciente, muy aceptado por la sociedad”, explicó Lavagna. “Las últimas encuestas revelan que los argentinos apoyan las políticas estatistas por un margen de 2 a 1″.























































