Es justo aquello de lo que parece poco delicado hablar: su fe religiosa, lo que puede poner en desventaja al republicano Mitt Romney en la recta final frente al demócrata Barak Obama.
Y es que Romney no es un convertido a su fe, sino que desciende de varias generaciones de mormones.
Tampoco es un miembro que va a una misión y después se limita a seguir los dictámenes de la fe.
No señor, él estuvo formalmente a cargo de la iglesia en el área de Boston y tuvo autoridad y responsabilidad religiosa.
Romney pastor orientaba a mujeres que estaban considerando hacerse un aborto; excomulgaba a los díscolos; enseñaba doctrina de la fe a los adultos; y controlaba quién tenía acceso al templo en Belmont, Massachusetts, donde cada domingo él rendía culto en largas batas blancas.
Cuando era un alto ejecutivo de Bain Capital, era conocido por su aversión a socializar con sus colegas profanos y bebedores (él no bebe alcohol ni tampoco café).
Uno de sus amigos del templo dijo recientemente a The New York Times que el mormonismo está “en el centro de lo que él realmente es, si quitas todo lo demás”.
¿Cómo abordar entonces el asunto del mormonismo de Romney en esta elección?
Es un punto extremadamente delicado. Algunas fuentes dicen que es el único tema que realmente aterroriza a su campaña. Él se niega a comentarlo, incluso a los medios más conocidos. No ha mencionado la palabra mormón durante su campaña, a pesar de que ha hablado sobre sus años de misión en Francia.
Cuando ha hablado sobre el mormonismo en el pasado, casi siempre lo ha hecho de la forma en que lo hacen otros mormones: no hablando de las doctrinas o ceremonias, sino del estilo de vida abarcador que éste fomenta y sustenta.
Los mormones están entre los grupos más amables, simpáticos y sanos de Estados Unidos, tal como muestra el musical de Broadway The Book of Mormon, entre burla y celebración.
Los mormones tienden a tener matrimonios más largos, familias más unidas y una moral personal más recta.
Y eso, el estilo de vida de los mormones es lo que enfatiza Romney, no los raros preceptos que, como toda religión, prescribe esta fe en el libro de mormón.























































