Una encuesta del Instituto Nacional de la Juventud reveló que el 76 por ciento de los muchachos presenta un “descontento de los jóvenes frente al sistema”.
El muestreo confirma lo que todo el mundo siente y palpa en las redes sociales, que los cabros no creen ni en la Constitución fraudulenta del genocida, ni en los apitutados de la Concertación que se tragaron y engordaron con el modelo, ni en los actuales payasos con el tony chocman a la cabeza.
El sondeo del INJUV se aplicó a un universo de 952 jóvenes, cuyas edades están entre los 18 y 29 años.
El 76 % de ellos no sabe qué sistema electoral se utiliza para elegir al Presidente de la República.
A un 51% le interesa “poco o nada” el sistema electoral del país y a un 54 % le importa una raja quién será elegido alcalde de su comuna.
Otro 49% opina que no es posible influir en la política, mientras un 41% piensa lo contrario. Con todo, el 45 % de ellos no participará en el circo municipal de octubre próximo.
Según el director del injuv, San Martín, “no puede ser que una persona sea ciudadano, de 18 años, con cuarto medio, o sea, que puede ser diputado, y sin embargo no sabe qué hace uno y cada cuánto se eligen”.
Para el director del organismo de gobierno “hay una responsabilidad de la clase política… vemos a muchos diputados que ofrecen hospitales, calles y el resultado es que los jóvenes efectivamente creen que los diputados se dedican a pavimentar calles”, añadió.
¿Y que esperaban encontrar en el muestreo si durante los 20 años de Concertación y los 2 de la Alianza los colegios excomulgaban a todo aquel que osara hablar de política?
Mientras los curas se ensañaban en la pedofilia, a los centros de alumnos se les impedía organizarse y los tecnócratas concertacionistas, como las sillitas musicales, saltaban de los ministerios a los directorios de las universidades privadas.
Ahí tienen los resultados.
El que siembra ignorancia, cosecha carneros y borregos.
Mucho tablet, mucha tarjeta, harto copete y “carrete”, combinación perfecta para embotarles el cerebro y mantener una generación perdida y sumida hasta el mango en las tarjetas de crédito.























































